Entre cobrar y repartir hay un tramo que casi nadie cuenta: dónde está tu dinero mientras tanto, quién decide qué se hace con él y cuánto cuesta administrarlo. Aquí está contado.
Lo que recaudamos no es de la sociedad: es de quien lo generó. Nuestro oficio es cuidarlo bien mientras llega a sus manos.
Lo que se cobra no llega como un monto suelto: entra identificado —qué obra lo generó, de qué emisión viene y a qué periodo corresponde— y así se mantiene hasta que se reparte. Esa trazabilidad no es burocracia: es lo que después permite que tu distribución venga con su detalle.
Administrar cuesta, y ese costo sale de lo que ya se recaudó: nunca del bolsillo de nadie. Afiliarse es gratis y gestionar tus derechos también. Lo que sí existe son las deducciones sobre lo recaudado a tu nombre, y no las decide la administración: las fija la Asamblea General dentro del tope que mandan los estatutos.
Quién vigila esto
Las reglas de reparto y los porcentajes los decide la asamblea de socios.
Decide en sesión, y cada decisión queda con la fecha de la sesión que la tomó.
Socios que revisan por dentro lo que hace la sociedad.
Funcionamos con personería jurídica y autorización de la Dirección Nacional de Derecho de Autor.
Estados financieros, notas y memoria anual: con eso se rinden las cuentas, y su sitio es Transparencia.
Cada pago llega con su liquidación: de dónde salió y qué se dedujo.
Cómo funciona
Lo cobrado entra a nombre de sus titulares, con su obra y su periodo.
Bienestar Social y gastos administrativos, dentro del tope de los estatutos.
Lo que queda pasa a distribución, y cada pago sale con su detalle.
El ciclo sigue
Afíliate: lo que se descuenta está escrito, tiene tope y lo decide la asamblea de socios.